La vida, ¿Quien la entiende?
¿Quien entiende a la vida? ¿Vosotros la entendéis? Vamos caminando por ella, intentando dar pasos lo más firmes que somos capaces, o lo más firmes que sabemos. Intentamos comprenderla, saber que es lo que nos tiene preparado en cada momento. Cuando pensamos que comenzamos a tener más o menos claro, lo que esta nos deparara, así, sin más, recibimos el siguiente sopapo que nos tiene preparado, sin ninguna clase de preaviso, de sopetón, sin darnos siquiera el tiempo de prepararnos a recibirlo, sin la más mínima capacidad de reacción. Después de uno de esos avatares a los que nos tiene acostumbrados, nos retiramos a una esquina a restañar nuestras heridas, a darle vueltas una y otra vez pensando en lo que hemos hecho mal. En un principio, no perdemos la esperanza de que esa vida nuestra, vuelva a darnos la oportunidad de enmendar nuestros fallos, y mientras esperamos ansiosos, vamos purgando nuestros errores, siempre con la esperanza de que nos sean perdonados, con la esperanza de que esa oportunidad perdida, vuelva a llamar a nuestra puerta, aunque vayamos viendo que esta se esfuma de nuestro lado a cada día que pasa.. Hay personas, que tienen la capacidad, la fortaleza, de superar estos trances de la vida, sin darle mayor importancia, personas capaces de decirse a si mismos: bueno, que se le va a hacer, otra vez será; por desgracia para mi, yo no formo parte de ese grupo, yo no soy una de esas personas. Normalmente soy reservado y cauto, no acostumbro a coger lo que la vida me brinda, me lo pienso muy mucho, antes de tomar uno de esos caramelos que se nos ofrecen, lo hago por cobardía, por el miedo a lo que tendré que pasar si me lo quitan. Cuando me decido a coger algo de lo que la vida me ofrece, es porque ha conseguido tocarme muy adentro, nunca cojo algo, solo para usar y tirar, si acepto lo que se me ofrece, es porque tengo la intención de que ese algo, forme parte de mi vida, de la vida que yo quiero, así que me implico a fondo, aunque me suela equivocar en la forma, y eso termine siempre por pasarme factura, una factura, que a cada nuevo episodio, va siendo más difícil de pagar. Como me gustaría, ser una de esas personas que son capaces de olvidar con solo proponérselo, cuanto sufrimiento me evitaría eso, cuantas noches en vela esperando una señal, una señal de esperanza. Pero los días van pasando y la vida no te ofrece el más mínimo signo de que le interesen tus pesares, y tus noches continúan siendo el presagio del vacío que te espera, tus días tristes y apagados, sin nada que te muestre el camino. En ese momento, te das cuenta, de que la travesía será larga, que en mucho tiempo no habrá ningún viento favorable que impulse tu nave, te espera una larga travesía de calma chicha, de la que no podrás escapar por mucho que lo intentes, interminables noches de angustia pidiendo una brisa favorable, que impulse tu nave hacia adelante en busca de nuevos horizontes. Aunque lo que de verdad deséas, es que vuelva es ese viento que acaba de abandonarte a tu suerte, y que te devuelva a ese puerto del que acabas de salir, en el que se habían centrado todas tus esperanzas e ilusiones. Pero los días van pasando inexorables y , ni llega ese viento que te permita enmendar errores pasados, ni esa brisa que te lleve hasta donde puedas cometer otros nuevos, no te queda más remedio que atravesar ese purgatorio, e ir olvidando como puedas, haciéndote el menor daño posible. Aunque el decirlo, es fácil, hacerlo, una tarea dura y complicada.. Y es, cuando te autoconvences de que las puertas que has dejado atrás, se han cerrado para siempre, que tu espíritu empieza a encontrar sosiego, es ahí, que comienzas a ver de nuevo que el horizonte vuelve a abrirse ante ti, comienzas a fijarte de nuevo en la vida, aunque siempre con mucho recelo, ya que las heridas pueden curarse, pero si han sido profundas, las cicatrices no desaparecen y te las recuerdan cuando menos te lo esperas, manteniéndote siempre en guardia, en el acto reflejo, de alguien que tras haber salido de un episodio traumático, no se ve capacitado para pasar por otro igual. Pero ¿Quien entiende a la vida¿ ¿La entendéis vosotros? Suele pasar, que después de toda esa larga travesía por los mares de la frustración, perdido en ese inmenso océano en el que te acechan todos tus miedos, sin darte el más mínimo cuartel, sin poder tomarte un respiro en toda la travesía, cuando empiezas a atisbar de nuevo algunos rayos de sol reconfortantes, ¡aparece! Así, de repente, sin la menor señal de aviso, ese viento por el que tan largo tiempo habías esperado, aparece de la nada y de repente te ves de nuevo en medio de la tormenta, una tormenta de sentimientos, de sensaciones que amenazan volverte loco y de la que no sabes como escapar, es más, no sabes siquiera, si quieres escapar de ella, o si te quieres dejar llevar, aún a sabiendas de que un mal rayo, puede acabar por hacer que toda tu vida se tambalée y se caiga definitivamente, sin posibilidad de volver a levantarte. Has vivido tanto tiempo con esos nubarrones grises sobre tu cabeza, que terminas por creer, que ese es el único medio en que eres alguien, que solo con el riesgo del sufrimiento acechando tu vida, hayarás un día tu camino. A veces pienso, que hay un poco de masoquista en mi, que me paso la vida esperando, a que esta vuelva a probarme de nuevo, quizás piense, que esta es la manera de pagar mis muchas culpas, hasta el día que por fin, encuentre lo que me tiene preparado., si es que hay algo para mi. Me gustaría tener esa receta, la que yo llamo del romano, la del pecho de lata, tener una coraza imposible de atravesar, el problema, es que un corazón oculto tras tras esa coraza, además de impedir que los malos tragos lo lastimen, también impediría, que un día pudiese ver lo bueno que el destino pueda haberme preparado; así que, paso de corazas y pechos de lata, y dejo mi corazón abierto, aún a riesgo de tormenta.







Chema Rubio Velasco dijo
por ese corazon abierto tambien a las tormentas
20 Mayo 2008 | 08:13 PM